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Los emprendedores a segunda vuelta – Tomás Sánchez, director de Asech e Innovación Accenture

Lee la columna completa en el Diario Financiero.

En Chile hay más de un millón de emprendedores y 50% de los chilenos trabaja para una pequeña o mediana empresa. Personas que se levantan temprano y trabajan hasta tarde, porque las cosas cuestan más cuando no funcionan como reloj y no están todos los recursos como en una gran empresa. Compatriotas que saben lo que es el esfuerzo de arriesgar lo propio y quienes ponen lo mejor para construir junto a un fundador, como uno de los pocos colaboradores.

Ellos no salen a marchar, porque no se pueden dar ese lujo cuando todo depende de ellos. No piden que les regalen nada, sólo poder competir en igualdad de condiciones. Nos entregan servicios y productos día a día.

Sin embargo, nadie se acordó de ellos antes de la primera vuelta. El emprendimiento no discrimina, le permite a todos surgir si es que tienen las ganas y determinación.

No importa si fue a la universidad o no, si es joven o jubilado, chileno o inmigrante, si tiene alguna incapacidad o la ideología que sea. El emprendimiento no sólo es un motor de movilidad social para quienes se arriesgan, sino que también para todos los que trabajan con ellos. Porque una empresa que pasa de pequeña a mediana paga mejores sueldos. Detrás de esos colaboradores, hay familias que también dependen de la productividad de esas empresas. Pero a pesar de ser la mitad de las familias de Chile, nadie los escucha. Nadie les habla, ningún candidato hizo discursos pensando en ellos.

Las pequeñas empresas pagan los mismos impuestos que una grande, soportan la misma ley laboral y pagan el IVA cuando emiten la factura, no cuando les pagan. Cuando quieren crecer nadie les presta capital, viven presas del factoring y en un mercado laboral poco equilibrado, no pueden pagar los profesionales que necesitan para profesionalizarse. No tienen asesores tributarios, contadores y abogados para navegar un sistema complejo. Para colmo, si es emprendedora casada bajo sociedad conyugal, tiene que pedirle la firma al marido para vender su empresa. Insólito. Frente a un conflicto, siempre pierden, porque no tienen los recursos para querellarse. Y como si fuera poco, cuando venden a sus clientes, tienen que andar rogando que les paguen, incluso 180 días después. Esta desigualdad afecta directamente a la mitad de Chile, pero quienes aspiran a La Moneda no atinan.

Esta segunda vuelta va a estar reñida, pocos votos van a hacer la diferencia, y acá hay literalmente millones esperando que les hablen. Los Pymes no necesitamos mucha inversión, sólo voluntad: flexibilidad laboral, en conjunto con cuidar a nuestros colaboradores; progresividad tributaria y retención del IVA por el comprador, pero por sobre todo esperamos lo mínimo: que nos paguen antes de 30 días (que ya es mucho).